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Nota del editor: Este perfil de nuestros estimados amigos los Luchi fue escrito antes de la muerte de Jean en 2019. 

Cuando el difunto Robert J. Luchi se unió a la Compañía de Jesús en 1983, sus padres, y luego sus hermanos, comenzaron a identificarse y a aliarse con los jesuitas en una relación que aún persiste hoy día, cinco años después de que falleciera de cáncer de esófago a los 52 años de edad.

Robert y Jean Luchi son donantes habituales de los jesuitas y apoyan varios proyectos y personas, incluida una gran donación que hizo posible que en 2010-2011 la Provincia Central y Sur renovara y expandiera el Fusz Pavillion, un centro de enfermería especializada en St. Louis para jesuitas ancianos y enfermos, donde el P. Luchi falleció el 22 de junio de 2007.

“No son solo donantes, están totalmente dedicados a la misión y el ministerio de los jesuitas”, dijo Thom Digman, auxiliar del provincial para la promoción.

La familia también mantiene y cultiva las relaciones que su hijo y hermano comenzaron hace años. Es una forma de mantenerlo cerca de su corazón.

“Nuestra familia tiene las puertas abiertas para los jesuitas”, dijo Jean Luchi, pediatra de Seattle retirada, hermana menor de Luchi. “Quizás el don más grande es que somos una familia que acoge a los jesuitas. Nuestras oraciones y nuestro amor por ellos son constantes”.

Luchi, que cuando era joven cuestionaba su fe en Dios y fue a las universidades de California y Texas a estudiar sánscrito y los clásicos, se unió a los jesuitas después de que una voz interior le advirtió: “si no me sirves, habrás desperdiciado tu vida”, recordó su padre, Robert Luchi, médico retirado y profesor de medicina interna y geriatría en Baylor College of Medicine en Houston.

El Dr. Luchi y su esposa, nativos de Pennsylvania, comenzaron su familia en Okinawa, Japón, y luego se establecieron en Filadelfia.

Los Luchi se mudaron a Houston por la oportunidad que se presentó en Baylor, cuando Bob Luchi Jr. cursaba la escuela secundaria. La pareja permaneció en Houston hasta 2008, cuando se mudaron al suburbio Mission de la ciudad de Kansas, cerca de su hijo menor, Michael Luchi, especialista en enfermedades infecciosas en el Centro Médico de la Universidad de Kansas. Su segunda hija, Lauren Luchi, es directora auxiliar de la Federación Americana de Maestros en Washington, D.C.

Luchi ingresó al noviciado en Denver y llevó a cabo misiones duras pero gratificantes en el este de St. Louis, Illinois, Honduras y Nigeria. Cuando el Superior General Peter-Hans Kolvenbach pidió voluntarios para ayudar a la Compañía de Jesús a reconstruir su labor en Ruanda después del genocidio de 1994, Luchi respondió generosamente.

Pero su misión allí, de 2001 a 2003, resultó difícil y nunca se adaptó del todo a la cultura de su misión, dijo el P. Stephen Yavorsky, quien prestó servicios en Ruanda durante seis años y trabaja en espiritualidad ignaciana.

“Ambos deseábamos dar retiros dirigidos…pero no les interesaban las conferencias privadas”, dijo. “Querían retiros predicados, lo que requiere un nivel mucho más alto de dominio del idioma del que teníamos. El de Bob French era mejor que el mío”.

Luchi regresó a los Estados Unidos y cursó estudios de postgrado en Weston Jesuit School of Teology en Cambridge, Massachusetts. En 2005, se enteró de que tenía un cáncer avanzado. Luchi pasó los siguientes seis meses en Houston, donde su padre podía abogar por su atención.

El año siguiente, Luchi regresó a St. Louis, donde obtuvo un diagnóstico desfavorable y optó por el cuidado de hospicio. Pasó sus últimos meses como residente de la Sala Jesuita y el Pabellón.

Yavorsky dijo que su amigo aceptó su destino con verdadero espíritu jesuita, determinado a servir a Dios a través del “don de la enfermedad”.

Jean Luchi se trasladó a St. Louis para estar con su hermano y la acomodaron en una habitación de huéspedes en el sexto piso de la Sala Jesuita, donde vivió desde septiembre de 2006 hasta la muerte de su hermano en junio del año siguiente.

Los jesuitas “fueron extremadamente generosos”, dijo ella. “Se portaron maravillosamente. Hacía mis tres comidas allí, lavaba mi ropa allí, llegué a conocer al personal del comedor. Los jesuitas fueron como hermanos y padres espirituales para mí… Fue una experiencia transformadora del amor de Dios. Cuando me fui, me sentí como si dejara mi familia”.

Los padres y otros hermanos del P. Luchi visitaban con frecuencia, y conocieron a personas que contaron historias que aportaron información sobre partes de la vida del sacerdote que él no había compartido con nadie, dijo el Dr. Luchi.

“Era un introvertido, pero podía ser el alma de la fiesta con el tipo de personas correctas”, dijo el Dr. Luchi. “Podía criticar duramente a su padre y sus hermanos, pero no a su madre. No le haría eso a su mamá. Nació en una barraca Quonset en Okinawa, y era especial para todos nosotros”.

El día que Luchi falleció, su familia se reunió mientras el P. John Padberg alzó una hostia sobre su cuerpo, diciendo: “Dichosos son los llamados a la cena del Señor. Robert ha sido llamado a la cena del Senor”. Jean Luchi recordó el momento como uno “hermoso y consolador”.

Los Luchi han “adoptado” al jesuita P. Juan Baptiste Ganza, quien había entablado amistad con su hijo y hermano en Ruanda, y apoyan sus esfuerzos para construir la escuela St. Ignatius High School en Kigali, la capital.

El año pasado le enviaron dinero al jesuita P. Pierre Loua cuando huyó de la inestabilidad política en la Costa de Marfil. Conocieron a Loua en 2007 cuando cursaba estudios superiores y vivía en la Sala Jesuita.

En enero, los Luchi albergaron en su casa a 15 novicios de la Provincia Central y Sur cuando Ganza estaba de visita en la ciudad.

Robert y Jean Luchi son donantes generosos habituales de los jesuitas de la Provincia Central y Sur y The Robert E. Manning S.J. Fund en honor al ex-presidente de Weston y provincial de New England, que falleció un año después que su amigo, Luchi. El fondo presta ayuda financiera a los estudiantes de posgrado matriculados en la Escuela de Teología y Ministerio en Boston College (antiguo Weston Jesuit).

Los Luchi dijeron que dan su amor, oraciones, afecto y solidaridad a los jesuitas a cambio de los “grandes dones” que los jesuitas les han dado. Y aunque no dieron a su hijo y hermano a los jesuitas, estaban encantados con su decisión y apoyan la orden religiosa que lo formaron y convirtieron en el sacerdote que es hoy.

Jean Luchi recuerda una noche en que su hermano estaba muy enfermo y tenía miedo de estar solo.

“¿Cuál es tu oración?”, le preguntó Jean.

“Él dijo (que rogaba) que la gracia de Dios se manifestara a través de su enfermedad, y creo que sus plegarias fueron escuchadas”, dijo ella.

“Nos dieron mucho amor y mucho apoyo. Recuerdo ese tiempo como una época muy rica en la gracia de Dios… con vínculos establecidos a través de la tristeza de la enfermedad y la pérdida, y nuevos dones de amor y amistad.”

“Mi hermano sigue viviendo. La gracia de Dios fue respondida”.

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