Espiritualidad

Por todo el mundo los Jesuitas se conocen por sus universidades y preparatorias. Su espiritualidad distintiva atrae aún más a quienes buscan mayor fe y significado en su vida. San Ignacio de Loyola, fundador de los Jesuitas, desarrolló un camino de oración que ayuda a personas a “encontrar a Dios en todas las cosas”. Esta es la marca de la espiritualidad de los Jesuitas.

Ignacio era un Español cortesano y aristócrata que encontró su verdadero llamado después de sufrir heridas casi mortales en el campo de batalla. Él reunió un pequeño grupo de compañeros y estableció la Compañía de Jesús en 1539, unidos en un método de oración modelado por la propia experiencia de conversión de Ignacio.

La espiritualidad Ignaciana se basa en el entendimiento de que Dios está activo en el mundo. Como el gran Jesuita paleontólogo Pierre Teilhard de Chardin escribió: “Dios no se encuentra distante. Se encuentra en la punta de mi pluma, mi cincel, mi pincel, mi aguja -y mi corazón y pensamientos.” El camino espiritual que Ignacio nos pone provee una forma de discernir la presencia de dios en nuestra vida cotidiana -y en hacer algo al respecto.

Los Jesuitas tienen un manual de entrenamiento para esta búsqueda. Son los Ejercicios Espirituales de San Ignacio de Loyola, escritos por el santo antes de que fuera sacerdote. Los Ejercicios, descritos a menudo como el mayor don de Ignacio al mundo, desplegar un proceso dinámico de oración, meditación y auto-conocimiento. El enfoque básico es hacernos más atentos a la actividad de Dios en nuestro mundo y más capaces de responder a lo que Dios nos llama. Los directores de retiros Ignacianos acompañan a personas en los Ejercicios en casas de retiros, parroquias y otros ambientes.

La espiritualidad Ignaciana no es simplemente un viaje al interior, mucho menos uno de auto-absorberse. Intenta adentrarnos más profundamente al mundo -con gratitud, pasión y humildad -no de alejarnos de él. Ignacio quería que los jesuitas fueran “contemplativos en acción”. Hoy, los Jesuitas y sus colaboradores laicos trabajan personas de diferentes estilos de vida, como la educación y los negocios. Ayudan a formar “hombres y mujeres para los demás”.

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