Espiritualidad

Durante los 1530’s, San Ignacio de Loyola comenzó a escribir acerca de las emociones que iba viviendo -sentimientos de gratitud y angustia, consolación y tristeza -mientras escudriñaba las escrituras. Estas meditaciones eventualmente se convirtieron en los Ejercicios Espirituales de San Ignacio de Loyola, publicados en 1548 por vez primera.

Los Ejercicios Espirituales son una compilación de meditaciones, oraciones y otras prácticas contemplativas. No es como otros clásicos occidentales de la espiritualidad que típicamente se leen de principio a fin. Son más como un manual, especialmente para ser usados por directores espirituales que acompañan y guían a personas por dinámicas y procesos de reflexión.

Y aunque los Ejercicios Espirituales son un libro, también son una serie de ejercicios desarrollados por un hombre que creía que estirarse espiritualmente es tan importante como el acondicionamiento físico de un atleta.

El objeto es ayudar a que alguien desarrolle su atención, su apertura y su capacidad de respuesta a Dios. En otras palabras, los ejercicios encarnan los temas característicos de la espiritualidad Ignaciana. Están organizados en cuatro secciones o “semanas”. Estas son pasos en el camino de libertad espiritual y colaboración con la actividad de Dios en el mundo.

Aquí hay un resumen de esas cuatro fases que se presentan en IgnatianSpirituality.com, un servicio de Loyola Press Chicago.

Primera Semana

La primera semana de los Ejercicios es un tiempo de reflexión acerca de nuestras vidas a la luz del inmenso amor de Dios por nosotros. Vemos que nuestra respuesta al amor de Dios ha sido impedido por patrones de pecado. Encaramos estos pecados sabiendo que Dios nos quiere librar de todo lo que interpone entre nuestra respuesta amorosa a él. La primera semana termina con una meditación de Cristo a seguirlo.

Segunda Semana

Las meditaciones y oraciones de la segunda semana nos enseñan a seguir a Cristo y a sus discípulos. Reflexionamos en pasajes bíblicos: El nacimiento de Jesús y su bautismo, sus sermón del monte, s ministerio de sanción y enseñanza, su resucitación de Lázaro de entre los muertos. Así llegamos a decisiones de cambiar nuestras vidas para hacer el trabajo de Cristo en el mundo y para amarlo más íntimamente.

Tercera Semana

Meditamos en la Última Cena de Cristo, su pasión y muerte. Vemos su sufrimiento y el don de la eucaristía como máxima expresión de amor.

Cuarta Semana

Meditamos en la resurrección de Jesús y las apariciones sus discípulos. Caminamos con el Resucitado y nos disponemos a amar y servirlo de formas concretas en nuestras vidas y en el mundo.

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