Hna. Higinia Bol, SCN

julio 31, 2025

Empoderando a líderes laicos en Belice

Por Rachel Amiri

La beliceña Hna. Higinia Bol, SCN, siempre soñó con regresar a ejercer su ministerio en el distrito de Toledo, Belice, tras unirse a las Hermanas de la Caridad de Nazaret (Kentucky).

«Siempre he sentido un llamado a regresar», afirma.

Durante gran parte de la última década, su deseo se hizo realidad.

Como directora asociada de formación espiritual en la Parroquia San Pedro Claver, parroquia jesuita de Punta Gorda, la Hna. Higinia es una valiosa colaboradora del equipo de pastoral de la parroquia. Ha aportado sensibilidad, creatividad y compromiso a su labor de formación de catequistas laicos, quienes desempeñan un papel importante en la vida de esta parroquia extensa, diversa y geográficamente dispersa.

El distrito de Toledo abarca una vasta zona del sur de Belice, que alcanza a más de 30 aldeas y sus iglesias misioneras. Los habitantes de Toledo incluyen pueblos indígenas mayas, garífunas e indios orientales. Debido a que las 32 iglesias de las aldeas están separadas por terrenos accidentados y grandes distancias, los tres sacerdotes jesuitas que actualmente ejercen la parroquia sólo visitan cada iglesia para la misa una vez cada dos meses.

Desde hace tiempo, la atención pastoral diaria de los católicos en estas comunidades ha sido encomendada a líderes laicos. Ahora instituidos como catequistas, un ministerio laico estable y permanente establecido en el derecho canónico por el Papa Francisco, estos hombres y mujeres dirigen los servicios de comunión, predican homilías y guían a los feligreses en la preparación sacramental.

“Ellos son quienes mantienen la iglesia abierta para la comunidad cuando el sacerdote no está”, indica la Hna. Higinia.

La hermana Higinia Bol, SCN, dirige un retiro para catequistas que serán ordenados en la parroquia de San Pedro Claver, en Punta Gorda, distrito de Toledo, Belice.

Reconociendo la importancia del papel de los catequistas en la vida diaria de la parroquia dirigida por los jesuitas, el pastor Matt Ruhl, SJ, y la Hna. Higinia percibieron la oportunidad de profundizar la formación de estos líderes y de invitar a otros a unirse a ellos para servir a la Iglesia en el futuro.

“Invitamos a los catequistas a escuchar su llamado. ¿Es un llamado? Porque cualquier trabajo que hagamos debe surgir de lo más profundo de ese deseo”, sostiene.

La Hermana Higinia se centra especialmente en invitar a las mujeres del distrito de Toledo a escuchar el llamado del Señor al liderazgo a través del servicio.

Hasta hace unos años, la mayoría de los catequistas era hombres. «La presencia femenina es muy predominante en las iglesias; sin embargo, se encuentran entre bastidores», dice la Hermana Higinia. El nuevo programa de formación de catequistas ha hecho surgir los dones de las mujeres al servicio de la parroquia y sus comunidades locales de maneras nunca antes vistas.

Si bien antes sólo los hombres predicaban de pie durante los servicios de comunión dirigidos por laicos, con el apoyo y la capacitación, las catequistas también han comenzado a predicar. En la cohorte actual, hay el mismo número de hombres y mujeres en formación de catequistas.

«Seremos diferentes en nuestro estilo, pero todas tenemos algo que compartir sobre la palabra de Dios. Están llamadas a compartir, a liderar, a expresar sus sentimientos», explica.

El cambio ha sido positivo. “Las iglesias son más estables. Las mujeres se han vuelto muy expresivas. Puedo ver su confianza en sí mismas. Puedo ver cómo surge su fuerza interior”, nos relata.

“Ahí es donde veo el movimiento del espíritu. Me da mucha esperanza ver que hay una transformación en esa mentalidad de dominio masculino”, añade.

El catequista laico usa sus dones para compartir la palabra de Dios con el pueblo de Dios. Es un esfuerzo arraigado en la comprensión de la Iglesia como comunidad, el pueblo de Dios.

La hermana Higinia ha aportado sus propios dones y su origen indígena a esta labor, innovando y colaborando para formar líderes para la iglesia local, incluso al enfrentarse a desafíos culturales y lingüísticos.

“El idioma siempre ha sido una barrera”, advierte la hermana Higinia.

Si bien el inglés es el idioma oficial de Belice, los indígenas mayas del distrito de Toledo hablan dos idiomas diferentes: ke’kchi y mopán. La Hna. Higinia, hablante de maya, conocía la importancia de encontrar líderes locales que pudieran comunicarse con todos los miembros de la parroquia en sus propios idiomas.

La parroquia de San Pedro Claver ordenó a 23 catequistas en mayo de 2025. La hermana Higinia Bol, SCN, aparece en la fila de atrás, a la izquierda. También aparecen en la foto los jesuitas Matt Ruhl, SJ, párroco de San Pedro Claver, Aric Serrano y Sam Wilson.

“Varios miembros de nuestro equipo son indígenas”, nos informa la Hna. Higinia. “Ayudan a capacitar a los catequistas, y lo hacen en su idioma, lo cual es clave”.

El nuevo programa de capacitación, impartido mediante retiros regionales y sesiones de clase llamado Cursillos, fue “más participativo”, sostiene la Hna. Higinia. Durante dos días y medio, se reúnen en pequeños grupos en una iglesia local para orar, aprender y compartir comidas.

“Queríamos conocerlos y que ellos nos conocieran”, expresa.

La capacitación de los catequistas es tanto espiritual como práctica, y combina lecciones sobre la oración y el discernimiento del llamado de Dios con otros sobre la resolución de conflictos o los aspectos prácticos de ofrecer servicios de comunión.

“Se basa en la oración”, explica la Hna Higinia. Cada vez que nos reunimos, la oración siempre forma parte de la formación, conectando con cómo nos habla la Escritura, con lo que nos dice. La celebración de la misa, una experiencia poco común para los residentes de pueblos remotos, es una parte importante del programa.

Los sacerdotes jesuitas han sido participantes “cruciales”, afirma, tanto al ofrecer los sacramentos como al demostrar un ministerio corresponsable. La Hna. Higinia cree que ver a hombres y mujeres trabajar juntos en el ministerio, como lo hacen ella, el P. Ruhl, el P. Sam Wilson, SJ, el P. Aric Serrano, SJ, y otros jesuitas, ayuda a transformar la cultura de las iglesias locales, alejándola de la dominación masculina, característica de la cultura. Juntos, reflejan una iglesia del pueblo.

Esta colaboración ha dado buenos frutos para la parroquia.

El grupo de catequistas en formación, ahora compuesto por 25 hombres y mujeres, espera con ansias completar su programa. En mayo, sus participantes aguardan ser comisionados por el obispo local como catequistas instituidos.

“Sigo trabajando con ellos, invitándolos a participar. Animándolos”, afirma la Hna. Higinia.

“Tomará tiempo, pero ya hemos comenzado”, finaliza.

Foto destacada: La hermana Higinia Bol, SCN, comparte un momento con las mujeres que preparan el almuerzo para la formación de catequistas del cursillo en la aldea de San Vicente.

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